Libro de las maravillas del mundo
Libro de las maravillas del mundo De la gran ciudad de Quengianfu
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Y cuando se deja la ciudad de Cacianfu se cabalgan ocho jornadas hacia Poniente, encontrando siempre amenas praderas, poblaciones, ciudades, aldeas y castillos, jardines y campos fertilísimos, y se llega a la ciudad de Quengianfu. Toda la comarca está llena de moreras, en las cuales anidan los gusanos de seda; los habitantes son idólatras. Hay abundancia de pájaros y toda suerte de bichos. Es gran ciudad comercial e industrial. Quengianfu fue capital poderosa del reino y tuvo muchos reyes buenos y justos, y hoy la rige un hijo del gran señor, llamado Mangalai; su padre le confió este reino y le hizo coronar aquí; es muy amado de sus súbditos. Los huéspedes que moran en torno a su palacio tienen gran solaz de venación. En el arrabal en donde está este palacio hay una llanura rodeada de lagos, ríos y riachuelos; por él corren numerosas fuentes. Hay una muralla robusta, que rodea la ciudad, y tan hermosa que no puede dibujarse mejor. Las estancias son amplias y pintadas, con friso de oro repujado. El rey Mangalai es justo y ecuánime y muy querido de sus súbditos; la guardia vive en los alrededores de palacio y se alimenta de la caza, que tiene a su albedrío.
Nos internaremos en la montaña para contaros una provincia muy pintoresca, entre riscos, que se llama Cuncun.
