Libro de las maravillas del mundo
Libro de las maravillas del mundo Al sentirse heridos, los monstruosos elefantes retrocedieron con tanto ímpetu que empezaron a romper las líneas del ejército del rey, y no pararon hasta refugiarse en el bosque, en donde, enfurecidos, destrozaron los pabellones que llevaban encima y cuanto se les ponía por delante. Los tártaros volvieron a montar a caballo y arreciaron nuevamente contra ellos; agotadas las saetas, pusieron mano a la espada y al machete y se echaron encima con furia indecible. Caballeros y caballos caen al suelo en la refriega, cercenaban brazos y piernas y el suelo estaba sembrado de cadáveres. ¡Ni el Dios tonante metiera más ruido! Se oían alaridos, gritos desgarradores por doquier. Y, sin embargo, los tártaros tenían la ventaja a pesar de todo, pues el ejército del rey, mayor en número, había quedado diezmado. En llegando el mediodía, el rey y sus milicias quedaban en tan mal estado, que ya no podían aguantar y vieron que permaneciendo allí no quedaría ni uno solo con vida. Entonces se dieron a la fuga y los tártaros arreciaron contra ellos; mas de pronto se acordaron de los elefantes que estaban en el bosque y fueron por ellos. Cortaban los grandes árboles para impedir que éstos se les escaparan, y los elefantes, al reconocer a la gente del rey que traían prisionera, se apaciguaban, porque estas bestias tienen gran entendimiento; de modo que pudieron cogerlos a todos. Y de esta batalla tuvo el gran Khan no pocos elefantes. Y así acabó esta contienda tal como lo habéis oído.