Libro de las maravillas del mundo
Libro de las maravillas del mundo Otro sí os referiré para que veáis en qué gran estimación les tenían, en razón del aprecio que de ellos hacía el Gran Khan, que les confiaron la reina Cocacin y a la hija del rey de Mangi para que las llevaran a Argón, señor de Levante, y así lo cumplieron. Asegurándoos que servían a estas señoras como si fueran sus propias hijas, cuidando de que llegaran sanas y salvas. Y éstas, que eran jóvenes y bellas, los consideraban como a sus propios padres y le obedecían y acataban sus voluntades como a tales. Escoltáronlas hasta dejarlas en manos de sus barones. La reina Cocacin, que era mujer de Casan —reinante a la sazón—, quería tanto a los tres latinos, que se desvivía por complacerles y halagarles. Y cuando se despidieron de ella para volver a su tierra, lloró amargamente.
Esto os lo cuento en elogio a la conducta de los tres caballeros latinos, a los que fueron confiadas las damas para escoltarlas a países tan remotos a sus reinos y señores. Dejemos ahora esto para proseguir nuestra relación.
Cuando los tres mensajeros se despidieron de Ciacatu, pusiéronse en camino y cabalgaron tanto que llegaron a Trebizonda y de Trebizonda a Constantinopla, y de Constantinopla a Negroponte, y de Negroponte a Venecia. Y esto fue el año de 1295 de la Encarnación de Cristo. Y ya que os conté el prólogo, ahora comienza la relación del libro.