Dias de lectura
Dias de lectura De vez en cuando me pregunto si lo mejor que tiene la obra de Sainte-Beuve no son sus versos. Ahà se acaban los juegos intelectuales. Ya no se acerca a las cosas lateralmente, con mil trucos y malabarismos. El cÃrculo infernal y mágico está roto. Como si la mentira constante del pensamiento dependiera en él de la habilidad falsa de la expresión, como si al dejar de hablar en prosa dejara de mentir. Como un estudiante obligado a traducir su pensamiento al latÃn se ve obligado a ponerlo al desnudo, Sainte-Beuve se encuentra por primera vez en presencia de la realidad y recibe de ella un sentimiento directo. […] De él, de su yo inconsciente, profundo, personal, sólo queda la torpeza. A menudo vuelve, como la naturalidad, pero este detalle tan poca cosa, tan encantador y sincero por otra parte, que es su poesÃa, este esfuerzo hábil y a veces afortunado para expresar la pureza del amor, la tristeza del atardecer en la gran ciudad, la magia del recuerdo, la emoción de las lecturas, la melancolÃa de la vejez incrédula, muestra —porque sentimos que es lo único real en él— la ausencia de significado de toda una obra crÃtica maravillosa, inmensa, burbujeante, ya que todas estas maravillas nos llevan a este punto. Apariencia: sus artÃculos de los lunes. Realidad: estos pocos versos. Los versos de un crÃtico son el contrapeso de la eternidad de toda su obra.