El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

IX

Así recomenzó la intimidad de Amaro en la Rua da Misericórdia. Comía temprano, después leía su breviario; y tan pronto daban las siete en la iglesia, se envolvía en su abrigo y rodeaba la plaza, pasando por delante de la botica, donde paliqueaban los habituales con las manos fofas apoyadas en los mangos de los paraguas. Apenas avistaba la ventana iluminada del comedor, todos sus deseos se ponían en pie; pero al escuchar el toque agudo de la campanilla sentía a veces un miedo difuso de encontrar a la madre ya desconfiada o a Amélia más fría… Incluso, por superstición, entraba siempre con el pie derecho.

Ya estaban allí las Gansoso y doña Josefa Dias; y el canónigo, que ahora comía muchas veces con la Sanjoaneira y que a aquella hora, arrellanado en la butaca, terminaba su siesta, le decía bostezando:

—¡Viva, ya está aquí el niño bonito!

Amaro se sentaba al lado de Amélia, que cosía sentada a la mesa; la mirada intensa que se intercambiaban todos los días era como el mutuo juramento mudo de que su amor había crecido desde la víspera; y algunas veces, por debajo de la mesa, llegaban a rozarse las rodillas con pasión. Empezaba entonces «la tertulia». Eran siempre los mismos intereses menudos, las peleitas de la Misericõrdia, lo que había dicho el señor chantre, el canónigo Campos, que había despedido a la criada, lo que se rumoreaba de la mujer del Novais…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker