El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro El redactor de la Voz do Distrito, Agostinho Pinheiro, era pariente suyo. Solían llamarle «el Raquítico» por tener una gran joroba en el hombro y una figurilla encorvada de tuberculoso. Era extremadamente sucio; y su carita de mujer, pálida, de ojos depravados, revelaba antiguos vicios muy sórdidos. Había hecho —se decía en Leiría— toda clase de canalladas. Y había oído exclamar tantas veces: «Si no fuese usted un raquítico, le rompería los huesos» que, viendo en su joroba una protección suficiente, había acabado por hacerse con un descaro sereno. Era de Lisboa, lo que lo hacía más sospechoso para los burgueses serios: se atribuía su voz ronca y acre a que «le faltaba la campanilla»; y sus dedos quemados terminaban en unas uñas muy largas, porque tocaba la guitarra.
