El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Era, como siempre, una declamación contra el clero y el elogio del doctor Godinho. Después de celebrar las virtudes del doctor, «ese tan respetable cabeza de familia», y su elocuencia ante los tribunales «que había salvado a tantos desventurados de la guadaña de la ley», el articulo, adoptando un tono grave, apostrofaba a Cristo: «Quién te iba a decir a ti», bramaba Agostinho, «¡oh, inmortal Crucificado!, quién te iba a decir, cuando en la cima del Gólgota expirabas exangüe, quién te iba a decir que un día, en tu nombre, a tu amparo, sería expulsado de una institución de caridad el doctor Godinho, el alma más pura, el talento más robusto…». Y las virtudes del doctor Godinho volvían, a paso de procesión, solemnes y sublimes, arrastrando colas de adjetivos nobles.
Después, abandonando por un momento la contemplación del doctor Godinho, Agostinho se dirigía directamente a Roma: «¿Y en pleno siglo diecinueve venís a arrojar al rostro de la liberal Leiría los dictámenes del Syllabus? Muy bien. ¿Queréis guerra? ¡La tendréis!».