El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro El doctor Godinho le había recomendado todavía la víspera: «¡Duro con todo lo que huela a cura! ¡Si hay escándalo, se cuenta! ¡Si no lo hay, se inventa!».
Y Agostinho añadió, con benevolencia:
—Y no te preocupes por el estilo, que ya te lo adorno yo.
—Ya veré, ya veré —murmuró João Eduardo.
Pero, desde entonces, Agostinho le preguntaba siempre:
—¿Y el artículo, hombre? Tráeme el artículo.
Estaba ávido porque, sabedor de que João Eduardo vivía en la intimidad de «la ollita canónica de la Sanjoaneira», lo suponía en el secreto de especiales infamias.
João Eduardo, sin embargo, dudaba. ¿Y si se llegase a saber…?
—¡Qué va! —le decía Agostinho—. La cosa se publica como mía. Un artículo de la redacción. ¿Quién diablos se va a enterar?