El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Fíjese en eso, señor Augusto… En vez de pasar el tiempo en amoríos, como otras, ¡se convierte en ángel de la guarda! ¡Pasa la flor de los años con una tullida! Dígame usted si la filosofía, el materialismo y esas porquerías son capaces de inspirar acciones de este jaez… ¡Sólo la religión, mi querido amigo! ¡Me gustaría que los Renans y esa sarta de filósofos viesen esto! Y yo, téngalo usted en cuenta, admiro la filosofía, pero cuando, por así decirlo, va de la mano de la religión… Soy un hombre de ciencia y admiro a un Newton, a un Guizot… Pero, y grábese usted estas palabras, si la filosofía se aparta de la religión… Grabe bien estas palabras: dentro de diez años, señor Augusto, ¡está la filosofía enterrada!
Y continuaba deambulando por la farmacia a pasos lentos, las manos a la espalda, meditando sobre el final de la filosofía.