El primo Basilio
El primo Basilio Fue por aquel tiempo cuando un sábado el Diario Oficial publicó un decreto nombrando al consejero Acacio caballero de la Orden de Santiago, en atención a sus obras publicadas, de utilidad reconocida, y a otras prendas…
La noche siguiente, al entrar en casa de Jorge, todos le rodearon, felicitándole ruidosamente; el consejero, después de abrazarlos uno por uno con una presión nerviosa y conmovida se desplomó en el sofá, extenuado, y murmuró:
—¡No lo esperaba tan pronto de la real munificencia! ¡No lo esperaba tan pronto! —y añadió, con la mano abierta sobre el pecho—: Diré como el filósofo: «¡Esta condecoración es el mejor día de mi vida!».
E invitó, acto seguido, a Jorge, Sebastián y Julián a una comida el siguiente jueves, una modesta comida de estudiantes, en su humilde tugurio, para festejar la regia merced.
—¡A las cinco y media, mis buenos amigos!
