El primo Basilio

El primo Basilio

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XVI

Después del entierro de Luisa, Jorge despidió a las criadas y fue a instalarse a casa de Sebastián. Aquella noche, hacia las nueve, el consejero Acacio, muy sofocado, bajaba por el Molino de Viento cuando se encontró a Julián, que venía de ver a un enfermo en la calle de la Rosa. Fueron andando juntos, hablando de Luisa, del entierro, de la pena de Jorge.

—¡Pobre muchacho! ¡Aquello sí que es sufrir! —dijo Julián, compadecido.

—¡Era una esposa modelo! —murmuró el consejero. Dijo después que venía justamente de casa del buen Sebastián, pero no había podido ver a Jorge; estaba echado y dormía profundamente. Y añadió:

—Últimamente leía yo que los grandes golpes van siempre seguidos de sueños prolongados. ¡Así ocurrió, por ejemplo, con Napoleón después de Waterloo, después del gran desastre de Waterloo!

Y al cabo de un momento prosiguió:

—Es cierto. Fui a ver a nuestro querido Sebastián… Fui a enseñarle… —e interrumpiéndose, se detuvo—: Porque entendí que erar un deber mío dedicar un tributo a la memoria de la desventurada señora. ¡Era un deber mío y no me he hurtado a él! Y me alegro haberle encontrado a usted, porque deseo saber su opinión consciente y serena.

Julián tosió y preguntó:

—¿Es una necrología?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker