La vida del Buscon

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Impúsome en la voz y frases doloridas de pedir un pobre que entendía de la arte mucho;[53] y así, comencé luego a ejercitallo por las calles. Cosíme sesenta reales que me sobraron en el jubón; y, con esto, me metí a pobre, fiado en mi buena prosa.[54] Anduve ocho días por las calles, aullando en esta forma, con voz dolorida y realzamiento de plegarias: —«¡Dalde, buen cristiano, siervo del Señor, al pobre lisiado y llagado; que me veo y me deseo!».[55] Esto decía los días de trabajo, pero los días de fiesta comenzaba con diferente voz y decía: —«¡Fieles cristianos y devotos del Señor, por tan alta princesa como la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, dalde una limosna al pobre tullido y lastimado de la mano del Señor!». Y paraba un poco, que es de grande importancia, y luego añadía: —«¡Un aire corruto, en hora menguada,[56] trabajando en una viña, me trabó mis miembros, que me vi sano y bueno como se ven y se vean,[57] loado sea el Señor!».








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