La vida del Buscon
La vida del Buscon
Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién habÃa que imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballeros desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. DecÃame mi padre; «Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica, sino liberal». Y de allà a un rato, habiendo suspirado, decÃa: «De manos. Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto: unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan? No lo puedo decir sin lágrima —lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habÃan batanado las costillas—: porque no querrÃan que, donde están, hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros».
