Los suenos
Los suenos —Ni te estorbo ni te invidio lo que deseo, antes te tengo lástima. ¿Tú por ventura sabes lo que vale un dÃa? ¿Entiendes de cuánto precio es una hora? ¿Has examinado el valor del tiempo? Cierto es que no, pues asÃ, alegre, le dejas pasar hurtado de la hora que fugitiva y secreta te lleva preciosÃsimo robo. ¿Quién te ha dicho que lo que ya fue volverá cuando lo hayas menester si le llamares? Dime ¿has visto algunas pisadas de los dÃas? No por cierto, que ellos solo vuelven la cabeza a reÃrse y burlarse de los que asà los dejaron pasar. Sábete que la muerte y ellos están eslabonados y en una cadena, y que cuando más caminan los dÃas que van delante de ti, tiran hacia ti y te acercan a la muerte, que quizá la aguardas y es ya llegada, y según vives, antes será pasada que creÃda. Por necio tengo al que toda la vida se muere de miedo que se ha de morir y por malo al que vive tan sin miedo della como si no la hubiese, que este lo viene a temer cuando lo padece, y embarazado con el temor, ni halla remedio a la vida ni consuelo a su fin. Cuerdo es solo el que vive cada dÃa como quien cada dÃa y cada hora puede morir.
—Eficaces palabras tienes, buen viejo. TraÃdo me has el alma a mÃ, que me la llevaban embelesada vanos deseos. ¿Quién eres, de dónde, y qué haces por aquÃ?