Los suenos
Los suenos —San Pablo le dejó para dar el primer paso a esta senda.
Y miré, con todo eso, y no vi huella de bestia ninguna. Y es cosa de admirar que no habÃa señal de rueda de coche ni memoria apenas de que hubiese nadie caminado por allà jamás. Pregunté, espantado desto, a un mendigo que estaba descansando y tomando aliento, si acaso habÃa ventas en aquel camino o mesones en los paraderos. Respondióme:
—¿Venta aquÃ, señor, ni mesón? ¿Cómo queréis que le haya en este camino, si es el de la virtud? En el camino de la vida —dijo— el partir es nacer, el vivir es caminar, la venta es el mundo, y en saliendo della, es una jornada sola y breve desde él a la pena o a la gloria.
Diciendo esto se levantó y dijo:
—¡Quedaos con Dios!; que en el camino de la virtud es perder tiempo el pararse uno y peligroso responder a quien pregunta por curiosidad y no por provecho.
Comenzó a andar dando tropezones y zancadillas y suspirando; parecÃa que los ojos con lágrimas osaban ablandar los peñascos a los pies y hacer tratables los abrojos.
—¡Pesia tal! —dije yo entre m×. ¿Pues tras ser el camino tan trabajoso es la gente que en él anda tan seca y poco entretenida? ¡Para mi humor es bueno!