Politica de Dios y gobierno de Cristo

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Llegose la madre, adorando y pidiendo. Quien adora solamente para pedir, lisonjea, no merece. De esta manera piden los aduladores la reputación del rey, escondiendo en la reverencia la codicia. Nunca la ceremonia afectada acompañó la modestia en el ruego, y pocas veces la razón. Los maliciosos otro camino siguen que los beneméritos: en aquéllos es la humildad cautelosa, y esfuérzase a disimular ambición y atrevimiento; y en éstos es santa y encogida. Los que pidieron a Cristo de esta suerte, alcanzaron gracia; que sin introducción fingida pidió el Centurión, rogándole y diciendo 57 . Dejo sus palabras, que fueron tales que mereció que dijese de él lo que no dijo de otro 58 : «Admirose.- No vi tanta fe en Israel. Ve, y como creíste te suceda.» No hace Dios las mercedes porque piden con elegancia, ni las deja de hacer porque piden sin ella: hácelas porque creen bien, porque obran bien, por su misericordia; y así se debe hacer a su ejemplo. Y aunque es así que al principio de este capítulo dice el Evangelista 59 : «Y veis un leproso que viniendo le adoraba, diciendo: Señor, si quieres, puedes sanarme; y fue sano»; -mas bien se conoce la diferencia que hay de venir adorando y diciendo, a venir adorando y pidiendo; y de estas palabras «Señor, si quieres, me puedes sanar» a «Queremos que nos concedas todo lo que pidiéremos.» No fue petición presumida la del leproso: habla a Dios en su lenguaje; púsole delante su necesidad, y resignó en su voluntad el remedio, desistiendo de méritos propios y confesando su omnipotencia. «Si quieres, puedes sanarme», más fue confesión que ruego.


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