Politica de Dios y gobierno de Cristo
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La vida, la muerte, el gobierno, la severidad, la clemencia, la justicia y la atención de Cristo nuestro Señor -10- refieren a vuestra majestad acciones tales, que, imitar unas y dejar otras, no será elección, sino incapacidad y delito. Oiga vuestra majestad las palabras del gran Sinesio en la oración que intituló:
De regno bene administrando: «Como quiera que en toda cosa y a todos los hombres sea necesario el divino auxilio (habla con Arcadio emperador), principalmente a aquéllos que no conquistaron su imperio, mas antes le heredaron, como vos a quien Dios dio tanta parte y quiso que en tan poca edad llamasen monarca: el tal, pues, ha de tomar todo trabajo, ha de apartar de sí toda pereza, darse poco al sueño, mucho a los cuidados, si quiere ser digno del nombre de emperador.» Éstas son en romance sus palabras, que sin cansarse por tantos siglos, derramada su voz, llega hasta vuestros tiempos para gloria vuestra, con señas del imperio y de la edad. Ni esto se puede ignorar en la personal asistencia de vuestra majestad, pues ni la edad, ni la sucesión tan recién nacida y tan deseada, le ha entretenido los pasos que por las nieves y lluvias le han llevado, con salud aventurada, a solicitar el bien de sus reinos, la unión de sus estados y la medicina a muchas dolencias. ¿A qué no atrevieron su determinación vuestros gloriosos ascendientes? El mayor discípulo es vuestra majestad que Dios tiene entre los reyes, y el que más le importa para su pueblo y su Iglesia saliese celoso y bien asistido. Dispuso vuestro enseñamiento, derivándoos de padres y abuelos de quien sois herencia gloriosa, y en pocos años acreditada. Mucho tenéis que copiar en Carlos V, si os fatigaren guerras extranjeras, y ambición de victorias os llevare por el mundo con glorioso distraimiento. Mucha imitación os ofrece Felipe II, si quisiéredes militar con el seso, y que valga por ejército en unas partes vuestro miedo y en otras vuestra providencia. Y más cerca lo que más importa: el padre de vuestra majestad, que pasó a mejor vida, en memoria que no se ha enjugado de vuestras lágrimas, ni descansado de nuestro dolor, os pone delante los tesoros de la clemencia, piedad y religión. Es vuestra majestad de todos descendiente, y todos son hoy vuestra herencia, y en vos vemos los valerosos, oímos los sabios y veneramos los justos; y fuera prolijidad, siendo vuestra majestad su historia verdadera y viva, repetiros con porfía las cosas que deben continuar vuestras órdenes, y que esperamos mejorará vuestro cuidado. Haga Dios a vuestra majestad señor y padre de los reinos que castiga con que no lo sea.
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