San Juan, viendo que le siguen todos y que le acompañan, ve a Cristo, y díceles: Veis allí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo: ése es el Rey; él lo despacha; no hay otro que pueda nada sino él: yo no soy nada. Esto hacen los privados reconocidos y cuerdos
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: id al rey (y enseñársele); veisle allí; yo no soy nada; él da los cargos; sólo él es señor de todo.