Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Lo primero, no han de ser profetas; así lo dice San Juan: «No soy profeta.» No hay cosa que tanto desacredite y apoque a los reyes, como criado profeta que responda a los negociantes: Eso se hará; yo haré que se despache; darle han el oficio; saldrá con su pretensión. Éstos son profetas; y dando a entender que saben lo que ha de ser, en todo apocan el poder de su señor.
Han de ser voz del desierto. Yo entiendo aquí eco, porque el eco por sí no dice nada; repite lo que dice otro, y no todo sino los últimos acentos. Así ha de ser el criado, que ha de decir lo que el rey dice, y no tanto como él: unos finales; no al revés que el rey diga lo que dijere el eco; y cuando lo quieran entender de otra suerte ha de ser voz, no lengua, que es señal que ha de ser formado, y no de formar; y no basta que sea voz, sino que lo sea en desierto, sin pompa afectada, sin acompañamientos ambiciosos, compitiendo el cortejo al rey.
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