Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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De ninguna manera conviene que el rey yerre; mas si ha de errar, menos escándalo hace que yerre por su parecer, que por el de otro. Nada ha de recelar tanto un rey como ocasionar desprecio en los suyos; y éste sólo por un camino le ocasionan los reyes, que es dejándose gobernar. Un rey cruel es rey cruel, y así en los demás vicios; mas un rey falto de discurso y entendimiento (si tal permitiese Dios), como para ser rey ha de ser primero hombre, y hombre sin entendimiento y razón no puede ser, -ni sería rey, ni hombre, y el desprecio le hallaría semejante a cualquier afrentosa comparación. Y por esto nada ha de disimular tanto un príncipe, como el tener necesidad en todo de advertencia, y haber de decir siempre: Llevadme y guiadme; yo iré tras de vosotros. Y al ministro que tiene a cargo el suplir la falta de su príncipe, sola le puede conservar la arte con que hiciere que se entienda siempre que obra su señor sin dependencia; porque el día que se descubriere el defecto, o por vanidad mal entendida del allegado, o por descuido artificioso para espantar con la omnipotencia o llamar a sí las negociaciones, persuadidos de la codicia-, ese día se sigue al uno el desprecio, y al otro el peligro manifiesto y merecido; y cada uno presume de apoderarse de aquella voluntad, y nadie echa al otro sino por acomodarse; y por esto unos serán persecución de otros, y nunca se tratará del remedio, y será la variedad, si no peor en los efectos, más escandalosa y aventurada.
Assumit Jesus Petrum et Jacobum et Joannem
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. A los grandes negocios lleva Dios nuestro Señor a sus discípulos, aquí y al huerto. Y si quiere ver vuestra majestad en los reyes la diferencia que hay de llevar a ser llevados, una vez sola que Cristo nuestro redentor fue llevado de un ministro, el ministro fue el demonio, porque en otro no hubiera descaramiento para atreverse a llevarle: dos veces le llevó, una al templo para que se despeñase, y otra al monte para que le adorase. Mire vuestra majestad los que llevan a los reyes adónde los llevan: al templo para que se despeñen, al monte para que los adoren; todo al revés, y todo a su propósito. Pues si el diablo se atreve a llevar a Cristo a estas estaciones, ¿adónde llevará a los hombres que se dejaren llevar de él y de los suyos?
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