Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Da Cristo las señas en que se conoce quién es ladrón. Cosa clara es que quien entra por la puerta llamando, y le abre el portero (no lo que dio, y el regalo, y la negociación), que es dueño de casa, y pastor; mas quien sube por la ventana, o por otra parte escala la casa, ladrón es, a robar viene, él lo confiesa. Qué se entiende por puerta y qué cosa sea escalar, temo de decirlo; porque el mundo es de tal condición, que los ladrones no recelan que los conozcan; antes en eso tienen la medra y la estimación. No está el provecho en ser ladrón, sino en ser conocido por tal. Sólo vale contigo, si eres tirano, el que tú hiciste partícipe de mayor delito. Así lo escribió Juvenal: Quien te fía secreto honesto, no te teme, y por eso no te estima: sólo es acariciado quien como cómplice y sabidor, cuando quiere, puede acusar a su señor. Eso tiene lo mal hecho peor, que no se puede fiar su ejecución sino de malhechores. Dar señas de ladrones es buscarles cómodo, ponerlos con amo, solicitarles la dicha y dar noticia de lo que se busca. Esto siempre pasó así en el mundo: dícenlo escritores de aquellos tiempos; y no me espanta sino que dure tanto mundo que siempre ha sido así. Yo no lo dudo, y creo que nació inocente, que poco a poco se ha apoderado de él la insolencia de los afectos, y que hoy se padece la obstinación de sus imperfecciones.
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