Politica de Dios y gobierno de Cristo

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He advertido que el demonio, en la tentación de las piedras empieza diciendo: Si filius Dei es: «Si eres hijo de Dios.» Y en la segunda, que en San Lucas se refiere en postrer lugar, cuando le dijo que se despeñase, empieza con las propias palabras: Si filius Dei es: «Si eres hijo de Dios.» Solamente cuando le dice que le adore postrado en tierra, no dice: Si filius Dei es; las cuales palabras entienden los más afirmativamente: «Pues eres hijo de Dios»; y dice Maldonado que lo había oído cuando en el Jordán se oyó aquella voz: Hic est filius meus dilectus: «Éste es mi hijo amado.» Esto supuesto, digo que en las dos proposiciones le tentó como hijo de Dios y como a Dios, pidiéndole milagros de la omnipotencia, como hacer de las piedras pan y echarse del pináculo para que los ángeles de su padre le sirviesen de nube; y en la tercera le tentó como a hombre, ofreciéndole reinos temporales, y despreciándole tanto, que le dijo que le adorase. Sabe el demonio que representándoles la gloria y vanidad, fiado en su ambición, puede en trueque (no de dárselos, que no aguarda a eso la codicia, sino de prometérselos) pedirles que le idolatren, y se humillen y aniquilen; y como usó de este lenguaje con Cristo, no le dijo: Si filius Dei es; antes en todo le trató como a hombre, enseñándole como hemos dicho reinos y gloria de la tierra y pidiéndole cosa que sólo a un hombre solo se podía proponer. Y así, Cristo nuestro Señor a las dos propuestas, le respondió a la primera: Non in solo pane vivit homo: «No de solo pan vive el hombre»; que fue respuesta concluyente. A la segunda le reprendió, mostrando que le había conocido, y dándose por entendido de su pretensión, pues dijo 97 : «No tentarás a tu Dios»; que era lo que él quería hiciese. A la tercera (que tocó en desprecio insolente de su oficio, y en no querer darse por entendido, habiéndole hablado tan claro, antes había crecido la insolencia), no sólo le respondió y le reprendió, pero le castigó severamente, diciendo: «Vete, Satanás.» Señor, en llegando a despreciar la persona real y el oficio y dignidad suya, no hay sino nombrar a Satanás por su nombre, y despreciarle y echarle de sí.


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