Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Josafat, rey de Judá, y el rey de Israel hicieron juntos guerra al rey de Siria: fue la causa Ramoth Galaad. Aconsejado el rey de Israel por Josafat que supiese la voluntad de Dios primero, juntó cerca de cuarenta varones. Consultolos, y fueron de parecer se hiciese la guerra, que cobraría a Ramoth Galaad, y vencería. No contento con el parecer de sus adivinos, dijo Josafat: ¿Aquí no hay algún profeta de Dios, de quien sepamos lo cierto? El rey de Israel dijo a Josafat: Ha quedado un varón, por quien podemos preguntar a Dios; pero yo le aborrezco porque nunca me ha profetizado buen suceso, antes siempre malo. Confiesa que es varón de Dios, y que Dios habla por él, y le aborrece porque le dice la verdad. Rey que tiene esta condición, huye del camino, aguija por el despeñadero. ¿Al varón de Dios aborreces, rey? Morirás en poder de ésos que te facilitan la desventura a manos de tu presunción y de su lisonja. Llámase (dijo el rey) Miqueas, hijo de Jemla. Llamó el rey de Israel un eunuco suyo, y mandole que con brevedad, partiéndose luego, le trajese a Miqueas, hijo de Jemla. En tanto todos los profetas le aconsejaban la guerra; que fuese a Ramoth Galaad, y volvería victorioso. Llegó el eunuco mensajero que había ido por Miqueas, y díjole: Ves aquí que todos los profetas anuncian y prometen buen suceso al rey: sea tu profecía semejante; háblale bien. Considere con toda la alma vuestra majestad la infidelidad del criado, con las veras que solicita la mentira y la adulación tan peligrosa a su rey. Arte suele ser de los ambiciosos solicitar con el parecer ajeno autoridad a sus mentiras y crédito a sus consultas. Esto llaman saber rodear los negocios. Mucho deben mirar los reyes y temer el servirse en ninguna parte de criados que buscan más el regalo de sus oídos, que la quietud de sus almas, vidas y honras. Responde el profeta como varón de Dios: Vive Dios que he de decir cualquiera cosa que Dios me dictare. En esta libertad y despego está la medicina de los príncipes. Llegó delante del rey, y díjole el rey: Miqueas, ¿debemos ir a Ramoth Galaad a hacer la guerra, o dejarémoslo? Y respondiole a él (quiere decir, a su gusto): Sube, y vé glorioso, que Dios la entregará en mano del rey. Replicó el rey: Una y otra vez te conjuro que no me digas sino la verdad en nombre de Dios. Y él respondió: Vi a todo Israel desparcido por los montes, como oveja sin pastor. Y dijo Dios: Éstos no tienen dueño: vuélvase cada uno a su casa en paz.
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