Politica de Dios y gobierno de Cristo
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¡Gran cosa, que trazando Dios el modo de destruir a aquel rey, entre todos sus espíritus que juntó no se hallase otra manera de llevar a la muerte y a la afrenta al rey, sino permitir poner la mentira en la boca de los que le aconsejan! Es tan cierto, que ni se lee otra cosa en las historias, ni se oye.
Llegó oyendo estas razones al profeta Miqueas, al varón de Dios, Sedecias, hijo de Canaana, y dio una bofetada en la cara a Miqueas, y afrentole. Lo propio es dar una bofetada que levantar un testimonio. Este Sedecias debía de ser algún favorecido del rey, y de los que solemnizaban sus desatinos: unos allegados que sirven de aplauso a las inadvertencias de los poderosos; debía de ser tan interesado en el engaño y ruina del rey, que temió su castigo en la verdad del profeta, del buen ministro, del santo consejero. Era algún introducido de los que en palacio medran tanto como mienten, cuya fortuna no tiene más larga vida que hasta topar con la verdad. Son éstos sabrosa y entretenida perdición de los reyes. Vio éste que el desengaño severo y prevenido le amenazaba desde los labios del profeta; y por eso le procuró tapar la boca con la puñada, y dar a la verdad tósigo y veneno, en el varón de Dios que advertía de su vencimiento y sus pérdidas al rey.
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