Politica de Dios y gobierno de Cristo

Politica de Dios y gobierno de Cristo

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Pedid y recibiréis; así lo prometió, así lo ordenó: Ora Patrem tuum in abscondito; et Pater tuus, qui videt in abscondito, reddet tibi. Quien pide recibe en el reino de Dios, y en el de la justicia y en el de la verdad. No todos los que parece que piden, piden: unos engaitan, otros adulan, otros engañan, otros mienten, pocos piden. Pedir es, con razón, servicios, méritos, partes; y siendo esto así no había de ser necesario otra cosa para alcanzar todo lo que se pretendiese; pues esto excusará las diligencias de la maña y de la codicia. No así hacen los tiranos imitadores de Satanás: su precepto es opuesto a la igualdad y blandura del de Cristo. Dicen así: Dad, y daros han; dad más, y os darán más; hurtad para dar y para tener, y obligaréis a que os den que recibáis. Facilitad delitos, aconsejadlos, tomad parte en su ejecución, y recibiréis. ¿A quién, como dijo la epigrama, se da, sino a los poderosos? Es la causa que dan para que les den: éstos compran, no dan; parece presente y es mercancía. No obligan con lo que dan, sino hurtan. Es el modo que permite Dios para la perdición de los ladrones y codiciosos que roban a los pobres para tener con qué comprar oficios y honras de los más poderosos. Dícelo así el Espíritu Santo en los Proverbios 105 : «Quien calumnia y persigue al pobre por aumentar su riqueza, dará a otro más rico y empobrecerá». Ése es el camino de perdición para los codiciosos: ni se ve otra cosa en el mundo; y quitar al que lo ha menester para dar al que no lo ha menester, es injusticia, y no puede carecer del castigo de empobrecer. Ni ha inventado la codicia más feo modo de empobrecer que el de aquellos miserables que se destruyen por dar a otros más ricos. ¡Oh providencia de Dios, que tan severamente advertida preparas la penitencia en el arrepentimiento diferido a éstos que por cargar de oro al rico desnudan al pobre! Y a éstos es a quien da el gobierno del mundo, primero el pago, que -94- satisfacción. ¡Qué secreta viene la perdición a toda diligencia en los deseos del malo, a quien las más veces castiga Dios sólo con permitirle y concederle las cosas que le pide! -Hay otro género de maldad, introducida con buena voz a los ojos del mundo, que es quitar de los pobres para ofrecer a Dios; y no es menor delito que el de Judas, que quiso quitar de Dios para los pobres. Adviértelo el Eclesiástico en el cap. 34 106 : «El que hace ofrenda de la sustancia de los pobres, es como el que degüella a un hijo delante de su padre».


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