Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Acabemos con ver lo que resultó del lavarse Pilatos, y de la limpieza de sus manos. Dijo: «Yo soy inocente de la sangre de este justo». Fue ésta la más desvergonzada mentira que se pudo decir.
Mentira, ya se ve, pues le entregó para que le crucificasen;
desvergonzada, pues se canonizó juntamente con Cristo, llamándose a sí inocente, y a él justo. Entregar al justo a los verdugos después de haberse lavado las manos, y luego canonizarse, no es limpieza y es descaramiento. Y para crecer en desatinos y delitos, y acabar de ser inicuo, pronunció estas perezosas y delincuentes palabras: «Miradlo vosotros». Quien remite a otros que vean lo que él solo tiene obligación de ver, nada acierta. Quien ahorra su vista, y por no ver manda que otros vean por él, los que le obedecen le ciegan: gobiérnase por los cartapacios de Pilato, que no hubo dicho «vedlo vosotros», cuando cargaron sobre Cristo la cruz, y le llevaron donde le clavaron en ella.
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