Politica de Dios y gobierno de Cristo

Politica de Dios y gobierno de Cristo

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Con vuestra majestad, Señor, nadie lo hace, porque todos los que os sirven os reverencian, os aman y os temen. Vos, Señor, ni lo hacéis, ni lo haréis, porque es vuestra majestad católico, piadoso, vigilante y muy justificado monarca. Era Judas ladrón (este nombre le dio el Evangelista), y acusó a la Magdalena diciendo que era perdición el ungir los pies de Cristo con el ungüento; y tácitamente nota de hurto la piedad, diciendo que se quitaba al socorro de los pobres el precio que dieran por él, si se vendiera. Era Judas hijo de la perdición (esta madre le dio Cristo nuestro Señor, cuando orando al Padre, dijo: «Los que me diste guardé, y ninguno de ellos pereció, sino el hijo de la perdición»; y este hijo de la perdición llama perdición la untura caritativa y misteriosa de la Magdalena. Hermanos tiene Judas de esta misma madre, que siendo ladrones acusan ante sus mismos príncipes por perdición su propio servicio, su adoración, su misteriosa asistencia; y aquéllos pobres que sirvieron de rebozo a sus hurtos, sirven de velo a los suyos. El oficio de Judas era dar de lo que tenía, y comprar lo que fuese menester para los apóstoles y para Cristo; mas él no pensaba sino en vender. Ministro inclinado a ventas no parará hasta que su señor sea la postrera. Cometió Herodes adulterio abominable: acusósele con reprensión San Juan Bautista: acusó a San Juan ante Herodes la misma adúltera y su hija, alegando bailes y movimientos lascivos. Y el mal rey, en quien (como dice San Pedro Crisólogo 122 , «los pasos quebrados, el cuerpo disoluto, desencuadernada la compaje de los miembros, las entrañas derretidas con el artificio», valieron por textos y leyes contra la cabeza sacrosanta del más que profeta, hizo juez a su mismo pecado contra su advertencia; y sigue las doctrinas de los pies de la ramera que bailaba, y en la cabeza ajena condenó la suya. El fin de estos acusadores es sabido. Judas fue peso de una rama, infamia de un tronco y verdugo de sí mismo. Herodias, bailando sobre el hielo de un río vengador de la maldad de sus mudanzas, rompiéndose, la sumergió; y haciendo cadalso los carámbanos, fue degollada de los filos del hielo impetuoso. Pies que fueron cuchillo para la garganta de Juan, fue justo que hiciesen del teatro de sus bailes cuchillo para la suya. No se lee que Cristo admitiese acusadores, ni que condescendiese con las acusaciones; ya lo advertí en la de los apóstoles contra los que no quisieron recibir a Cristo en su casa. Otra vez acusaron a uno que hacía milagros en nombre de Jesús, no siguiéndole con ellos; y porque le prohibieron el obrarlos, dijo (Luc., 9): «No lo prohibáis, porque quien no es contra vosotros, por vosotros es.»


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