Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Con gran novedad (tales son las glorias de Dios hombre) autorizan esta majestad las palabras del Ladrón en la cruz, diciendo: «Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Grande era la majestad que dio a conocer reino y poder en una cruz. No le calló la corona de espinas la que disimulaba de eterno monarca. Mejor entendió el Ladrón la divinidad, que los reyes. Ellos lo eran, y un rey, mejor conoce a otro. Tuvieron maestro resplandeciente, adestrolos el milagro, llevolos de la mano la maravilla. A Dimas no sólo le faltó estrella, más escureciéronsele todas en el sol y la luna, el día le faltó en el día; ellos le hallaron al principio de la vida, amaneciendo; y éste, al cabo de ella, espirando y despreciado de su compañero. Ellos volvieron por otro camino por no morir, amenazados de las sospechas de Herodes; y éste para ignominia de Cristo moría con él. Pues siendo esta majestad tan descubierta, y este reino tan visible en la cruz, y en el Calvario, y entre dos ladrones, ¿qué será quien le negare el reino a Cristo en la diestra del Padre Eterno, en su vida y en su predicación, en su ejemplo y en el santísimo Sacramento del altar? Éste a la doctrina blasfema de Gestas se arrima. En la Iglesia católica persevera este lenguaje de llamarle rey, y como a tal le señala la cruz por guión, cantando:
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