Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Señor, Cristo cansado del camino pidió agua; pidió con necesidad: esto es lo primero que se ha de hacer. Lo segundo, pidió agua sentado sobre la fuente, que es pedir lo que hay, y donde lo hay sobrado. Lo tercero, pidió agua a quien venía a sacar agua, a quien traía con qué dar y sacar lo que se le pidiese. ¡Qué sumamente justificada demanda! Es tal, Señor, que quien la imitare dará a quien pide; y quien no la imitare, pedirá peor que el diablo: que él pidió que le hiciese de las piedras pan a quien podía hacerlo, que era el Hijo de Dios; y él pide lo propio a quien no puede. Y como en Cristo Jesús se lee el ejemplo para los reyes, en la mujer de Samaria se lee el de los vasallos que rehúsan dar lo que con necesidad les piden los príncipes. Responde que cómo, siendo judío y ella samaritana, la pide de beber. Y alega fueros de diferentes naciones, y que no tienen comercio los judíos con los samaritanos. Esto, Señor, para no pagar tributos, ni contribuir a la necesidad pública y necesaria, cada día se ve. Muchas provincias me ahorran la verificación, cuando la causa de negarlo es decir: «Somos diferentes de los que contribuyen». No se enojó Cristo porque le negó lo que la pedía con la necesidad que ella vio, y al brocal del pozo; sólo la dijo «que si conociera la dádiva de Dios y a quien la pedía de beber, ella la pidiera a él, y la diera agua de vida». De manera que pidió para dar, y así se ha de pedir. Pidió Cristo agua material para dar agua de vida. Pida el príncipe tributos para dar paz, sosiego, defensa y disposición en que los vasallos puedan con aumento multiplicar lo que dieron, y aventajarlo en precio; porque pedir sin dar estas cosas, es despojar, que se llama pedir. El ejemplo enseña que es tan interesado el pueblo, que aun por no dar lo poco que se le pide, él mucho dificulta lo mismo que se le ofrece. Por eso dijo la mujer samaritana «que ni él tenía con qué sacar el agua, y que el pozo estaba hondo». Diola Cristo, reduciéndola, el don de Dios que no conocía; y dando a la que pedía, hizo que le confesase profeta y que se acordase del Mesías, y que dijese tales palabras
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: «Sé que viene el Mesías, que se dice Cristo»; palabras que merecieron la dijese
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: «Yo soy, que soy, que hablo contigo». No tuvo por indignidad justificar su persona para lo que pedía a su criatura, y le negaba. Y fue real paciencia y de Dios Hombre satisfacer a sus réplicas desconocidas. Considero yo la propiedad con que en la mujer y en la codicia de la mujer se representa la levedad, la inconstancia y la codicia del pueblo. Dos veces tuvo Cristo sed: en este pozo, y estando en la cruz. Aquí no dijo que tenía sed, y pidió de beber: en la cruz no se lee que pidiese de beber, sólo dijo que tenía sed. Donde pidió de beber, se le negó la bebida; donde no la pidió, se la dieron. Creo (es reparo mío; no por eso dejará de ser a propósito y necesaria su consideración) tal sucede a los reyes, que les niegan agua si la piden y sin pedirla les dan hiel. Previénelos Cristo Jesús, con su ejemplo y con sus obras y con sus palabras, a que satisfagan a la duda de quien les niega el agua o tributo que piden; y a que la hiel que les dan sin pedirla, la prueben, más no la beban. Señor, reinar sin probar hiel y amargura, no es posible.
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