Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Señor, el ministro que aconseja que para conservar en paz los vasallos, los despojen, los desuellen y los consuman, ése Judas es, y la suya paz de Judas: con la boca más chupa sanguijuela, que besa reverente. Destruir los pueblos con achaque de que los enemigos los quieren destruir, es adelantar los enemigos, no contrastarlos ni prevenirlos. Es no dejarlos qué hacer ni qué deshacer. Hubo paz universal en el mundo cuando nació Cristo, porque nacía la paz universal del mundo. Publicose por edicto de César Augusto, que el orbe todo se numerase. Nació Jesús en esta obediencia, y fue obediente hasta la muerte, desde el vientre de su Madre, antes de nacer, y naciendo. En la obediencia está la paz de todas las cosas: a Dios primero, a la razón y a la justicia. No hay guerra sin la inobediencia a una de estas tres cosas, a que persuaden otras tres, impiedad y pecado, apetito, soberbia ambiciosa. Nace obedeciendo quien sólo debe ser obedecido, ¿y no obedecerá quien sólo nació para obedecer? Toda la vida de Cristo fue paz. Nace, y luego la publican los ángeles; enseña y encarga la paz a sus discípulos, y envíala con ellos a todos. Va a morir; y al despedirse, repetidamente les da su paz y les deja su paz. Sólo el que se atrevió a arrimar su boca a su cara, el que le acarició con el beso, el que tenía a cargo la bolsa de su apostolado, despreciando la paz de Cristo, dio a Cristo la de Judas.
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