Politica de Dios y gobierno de Cristo
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«Y oscureciose el sol y el aire con el humo del pozo.» Bien agradecida se mostró esta estrella al sol que la dio los rayos, pues abrió la puerta al pozo que le oscureció a él y al aire con el humo. Señor, todo lo deja a oscuras y confuso, y sepultado en noche, el rey que da puerta franca al humo; y debéis considerar, si con él se oscureció el sol, la que abrió con esta llave ¡qué padecería siéndole tan inferior en todo! Veamos, ya que dejó el cielo por el pozo, y escogió un eclipse tan desaliñado, qué fin tuvo, y para qué. «Y del humo del pozo salieron langostas sobre la tierra.» Cuando se juntan con la humillación del príncipe la soberbia abatida y embozada del criado, engendran plagas, producen langostas. El hijo de esta bastardía tan alevosa es el azote de la tierra, el despojo de los pobres, la ruina de los reinos. ¿Qué otra sucesión merece una estrella que con el humo comete adulterio contra toda la hermosura y majestad del cielo? «Y fueles dada potestad, como la tienen los escorpiones de la tierra.» Hijos del pozo, mestizos del día y de la noche, de la majestad y de la traición, mayorazgos de la iniquidad, atended qué poder se os da; mas atended cuál poder tenéis de escorpiones. Veneno sois, no ministros: fieras, no poderosos. Blasonar de este poder es apostar con todo el infierno en la iniquidad nefanda; y este poder, de que tan impíamente presumís, os fue dado contra vosotros, y trae instrucción secreta de Dios para atormentar vuestras conciencias. Oíd lo que se sigue: «Y fueles mandado que no ofendiesen el heno de la tierra, ni alguna cosa verde, ni algún árbol; sólo a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes. Poco os duró el golpe de veros langostas, parto del pozo y del humo: ya vuestros dientes tenían amenazado cuanto vive sobre la tierra en las edades del año. Ni malos habéis de ser, como deseáis: todo se os ordena al revés. Y es así, que las langostas ofenden lo verde, los campos, lo sembrado, y no a los hombres; y a vosotros os mandan como a langostas espurias y de ayuntamiento tan ilícito, que no ofendáis al heno, ni a la yerba, ni a lo verde, ni a algún árbol, y que ofendáis a solos los hombres que no tienen la señal de Dios en la frente. Aquí está secreto vuestro dolor. No habéis de ofender al bueno, al pobre, al inocente, al humilde, al justo, no; que en esa venganza estaba vuestra gloria. Sólo habéis de ofender a los que no tienen la señal de Dios en la frente. Y así se cumple que siempre estáis ocupados en deshaceros unos a otros, y en aparejaros los cuchillos y las sogas.
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