Politica de Dios y gobierno de Cristo

Politica de Dios y gobierno de Cristo

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«Vino una mujer de Samaria a sacar agua, y díjola Jesús: Dame de beber.» ¡Qué leves y qué baratos son los pedidos de Dios, del rey Cristo, a sus vasallos! Pide un jarro de agua, y pídele tan a propósito como se ve: al brocal del pozo, a quien tiene con qué sacar el agua y viene a eso. Leves serían los tributos de los príncipes, si pidiesen (a imitación de Jesucristo) poco y fácil, y a quien lo puede dar, y donde lo hay; lo que las más veces se descamina por la codicia y autoridad de los poderosos, pues se cobra del pobre lo que le falta y sobra al rico, que por lo que él le ha quitado y le niega, le ejecuta. Veamos qué sucedió a esta demanda tan justa de Cristo nuestro Señor, donde aquella suprema y verdadera majestad pidió con tan profunda humildad y tan inefable cortesía. Respondiole aquella mujer samaritana: «¿Cómo siendo tú judío, a mí, que soy mujer samaritana, pides de beber?». Señor, pidiendo Dios y el inocente y el justo, falta agua en el mar y en los pozos; y la respuesta no sólo niega lo que se pide, sino lo acusa y pretende hacer delincuente. Si estas negaciones se pasaran a las demandas de los codiciosos y descaminados, y las concesiones que sirven a su apetito se vinieran a estas demandas, los hombres estuvieran ricos, los reinos prósperos, la sed de Cristo socorrida, y la de los hidrópicos curada. Díjola Cristo: «Si supieras la dádiva de Dios, y quién es quien te dice: Dame de beber, pudiera ser que tú le pidieras a él, y él te hubiera dado el agua de vida». No lo habíamos entendido hasta ahora, Señor: no deja que lo entendamos nuestra ignorancia y nuestra avaricia. Sirven a estas acciones gloriosas de Cristo nuestro Señor, de tinieblas los estilos y sucesos de la tierra. Los príncipes temporales dan para pedir: Cristo, solo rey, pide para dar. Dice a la mujer que le dé agua, y niégasela y aun hace delito el habérsela pedido. Y el Señor la responde: «Si entendieras la dádiva de Dios y quién es quien te dice: Dame de beber». El negarle a Dios lo que nos pide, nace de que no conocemos que su pedir es dádiva. ¿Qué nos pide que no sea para darnos? ¡Gran misterio pedirla agua, para que ella se la pida al que se la dará! Quien pide de esta manera imitando a Cristo, será padre de sus reinos. Pida tributos para darles defensa, paz, descanso y aumento; no pida a todos para dar a uno, que es hurto; no pida a unos para dar a otros, que es engaño; no pida a los pobres para dar a los ricos, que es locura delincuente; no pida a ricos y a pobres para sí, que es bajeza. Pida para que le pidan, y entenderá la dádiva de Dios, que empieza en pedir y acaba en dar.


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