Politica de Dios y gobierno de Cristo

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Coronáronlo, Señor, los judíos de espinas. Secreto se -173- reconoce grande misterio. Las coronas todas de los reyes parecen de oro, y son de abrojos. Los que parecen reyes, y no lo son, corónense del oro, que es apariencia: el que no parece rey, y solamente lo es, corónese de las espinas, que es la corona; no del engaño precioso que mienten los metales. Pilatos le llamó rey constantemente y en juicio contradictorio; pues oponiéndose los judíos, perseveró en el rótulo y en lo escrito. Y porque ya que como rey tenía corona y sobrescrito de la majestad, tuviese el séquito del cargo y el peligro de los lados de monarca, le acompañaron de ladrones. Más parece rey en los dos que le asisten, que en las insignias que le ponen. No hubo camino que estos ladrones no intentasen con la grandeza de Cristo. El uno le blasfemaba, diciendo: «Si tú eres Cristo, sálvate a ti y a nosotros». Esto llama blasfemia el Evangelista en el ladrón; y lo fue dudar si era Cristo. Mas la blasfemia calificada ya, es decir: «Sálvate a ti y a nosotros». Esto ya se condenó en San Pedro, cuando dijo a Cristo: Esto tibi clemens: Absit a te Domine; y en el Tabor: Bonum est nos hic esse. Este mal asistente de Cristo, lado izquierdo del rey, de las palabras de San Pedro duda las fervorosas, y las que premia; y toma las reprendidas. Dijo Pedro: Tu es Christus Filius Dei vivi. Y éste dice, dudándolo con interrogación blasfema: Si tu es Christus; y añade: «Sálvate a ti»; que fueron las que le negociaron aquel enojo tan despegado: Vade retro post me Sathana, quia scandalum es mihi. Quien al lado de los reyes atiende al descanso del rey y a su comodidad, ése el mal ladrón es. En no librarse Cristo de los tormentos estaba el librarnos a todos. Así lo pronunció en concilio el Pontífice, y éste quería que se ejecutase al revés. Quien al rey quita la fatiga y el trabajo de su oficio, mal ladrón es, porque le hurta la honra y el premio y el logro de su cargo. San Marcos dice: Salvum fac temetipsum descendens de Cruce «Sálvate a ti mismo, descendiendo de la cruz». Así dicen todos los malos que asisten al lado de los reyes: «Sálvate a ti, y a nosotros con bajarte, señor». Vasallo que pide a su rey que se baje, alzarse quiere. El bajarse de la cruz el príncipe, es quitarse y derribarse de la tarea y fatiga de su oficio. Eso deponerse es a ruego de un mal ministro, de uno que está a su lado izquierdo; que le blasfema, y no le aconseja; que dice que se condene con lo que propone que se salve.


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