Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Para esto nacen los reyes, para su desnudez y desabrigo, y remedio de todos; no para destruir a alguno, ni desacomodar a nadie. Con cuántas ventajas de elegancia dijo esto aquel prodigio de África, Quinto Septimio Florente Tertuliano
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, considerando aquellas palabras del cap. 8, de San Mateo:
Quid nobis, et tibi Jesu Fili Dei? «¿Qué hay entre nosotros y entre ti, Jesús, hijo de Dios? Viniste aquí antes de tiempo a atormentarnos». Dice este gran padre, concurrente de los apóstoles
162
: «Reprendió Jesús al demonio como a envidioso, y en la propia confesión descaminado, y que adulaba mal; como si ésta fuera suma gloria de Cristo haber venido para la perdición de los demonios, y no antes a la salud de los hombres». Los reyes, beatísimo Padre, cabeza primera de nuestra Iglesia que altamente vive en la eminencia del monte para la salud universal del cuerpo místico suyo, no han de nacer, ni heredar, ni venir para destruir y perder y atormentar: su oficio es venir a fortalecer, a restaurar, a dar consuelo. Y es vituperio (que deben sentir sumamente reprenderlo y contradecirlo luego con las obras) que digan viene a atormentar aun a los delincuentes. Los demonios (nadie puede ser peor) le dijeron que venía a atormentarlos; y dice Tertuliano que fue envidia y confesión del enemigo, y que adulaba mal, pues él venía a traer salud y no calamidades; y porque los desmintiese el suceso, les concedió a los demonios luego lo que le pidieron. Al delincuente venga el rey a enmendarle y a reducirle; que atormentar no es blasón, sino vituperio: es mala adulación. Ser tirano no es ser, sino dejar de ser, y hacer que dejen de ser todos. ¡Ah, ah, Pastor vigilantísimo del mejor rebaño! ¡Cuánto padece de calamidad el orbe con las hostilidades injustas que por tantos lados turban su paz, alentadas por el enemigo común con el soplo vivo de la que llaman razón de Estado, ambición y venganza, para la desolación de las repúblicas! Vuestra beatitud, pues se halla en la cumbre de los montes con la altura de la primera silla, fundada en ellos con buena estrella de los hijos de la fe en vuestra elección, mire estas turbaciones públicas, y el estado miserable de los que a gritos las lloran; porque mirarlas y remediarlas, todo ha de ser uno en quien ha sido elegido de Dios para el remedio de todos.
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