Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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No demuestro en las personas estos afectos, por no disfamar otra vez todas las edades y naciones, y excusar la repetición a aquellos nombres coronados que hoy padecen en su memoria su afrenta. Dejemos esta parte del horror y de la nota, y sea así que nadie supo ser rey cabal, sin ser por otra u otras partes reino. Descansemos del asco de estos pecados, y veamos cómo Cristo supo ser Rey: esto se ve en cada palabra suya, y se lee en cada letra de los evangelistas. No tuvo sujeción a carne ni sangre. De su Madre y sus deudos curó menos que de su oficio; así lo dijo: «Mi Madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi Padre». En Caná, porque (como diremos en su lugar) su Madre le advirtió en público que faltaba vino, la dijo:
Quid mihi et tibi, mulier? Espirando en la Cruz, la llamó mujer, y madre de su discípulo, atendiendo sólo al oficio de redentor, y al Padre que está en el cielo. A los parientes no les concedió lo que pidieron, y así les dice que no saben lo que se piden. Una vez que se atrevieron a pedir su lado y las sillas, siendo rey y Dios, no se dedigna de decir:
Non est meum dare vobis. «No me toca a mí dároslo». Otra vez les dijo que no sabían de qué espíritu eran, y los riñó ásperamente porque se enojaban con los que no los seguían. A San Pedro, su valido y su sucesor, porque le quiso excusar los trabajos y le buscaba el descanso, le llamó Satanás, y lo echó de sí. Éste fue grande acierto de rey. Quien se descuidare en esto, ¿qué sabe? También perderá el reino, la vida y el alma. Cristo rogó por sus enemigos; y a San Pedro, porque hirió al que le prendía y maltrataba, lo amenazó. No consintió que alguno, entre los otros, aun en su corazón pretendiese mayoría, ni quiso que presumiese de saber su secreto.
Sic eum volo manere (respondió preguntándole de San Juan):
Quid ad te? No admitió lisonjas de los poderosos, como se lee en el príncipe que le dijo
magister bone; ni se retiró en la majestad a los ruegos de los necesitados; ni atendió a cosa que fuese su descanso o su comodidad. Toda su vida y su persona fatigó por el bien de los otros: punto en que todos han tropezado, y que conforme la definición de Aristóteles, sólo es rey el que lo hace; y según Bocalino, nadie lo hizo de todos los reyes que ha habido.
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