Politica de Dios y gobierno de Cristo

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Santísimo Padre, oídme atento: bien merecen mis voces tan grande atención. A vuestro cargo están los reyes de la tierra, y sobre sus coronas están vuestras llaves: oíd la habilidad de los traidores. Vieron que el levantarse con los reinos, o intentarlo, o pensar en ello era delito digno de muerte y que se llamaba traición, y acogiéronse por temor de los castigos a levantarse con los reyes: cosa que, siendo más sacrílega, es tenida por dicha, y el que lo hace, por ministro, no por aleve: lo uno castigan los reyes, lo otro premian. ¡Oh gran tiniebla del seso humano! ¡Qué haya príncipe que acaricie al que se levanta con él, y que castigue al que se levanta con el reino, siendo aquel peor y más osado! Porque el uno usurpa a Dios su teniente, depone a Dios su elección, y el otro emprende los pueblos encomendados, que aquél arrebata más seguro y más dueño. Y hales caído eso tan en gracia a los desvanecidos, que desde que los reyes consienten privanzas, desechan las conjuraciones y levantamientos por necios y arriesgados. A César, y a Tiberio, y a Claudio, los motines y levantamientos les fueron ocasión de gloria y de esfuerzo, mas los privados de ruina y afrenta. Más le costó a Tiberio, Seyano, que todas sus maldades y todos sus enemigos. Hagan los príncipes la cuenta con las historias en todos los reinos, en todas las edades, y verán cuánta mayor maldad es levantarse con ellos que con sus reinos. Allí verán que a los que la traición quitó los estados, llaman hombres sin dicha los cronistas y historiadores; y a aquéllos a quien les quitó el ser reyes el valimiento, los llaman hombres sin entendimiento y sin valor. Los que padecen esta nota en la memoria de los hombres, después de su muerte, aunque les permitieran el volver a nacer, lo rehusaran por no verse tales como fueron. ¡Qué universalmente descartó esto San Juan, cuando dijo: «Que no ha de recibirse nada, sino lo que fuere dado del cielo!». El reino diole Dios al rey (excluido está de recibirle el privado), la majestad y el poder. Y si ha de recibir, sólo lo que le fuere dado del cielo, excluido está el cohecho, y la negociación, y el presente, y la niñería, que arreboza con esta humildad los tesoros.


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