Politica de Dios y gobierno de Cristo

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¿Queréis ver, ¡oh monarcas!, (con todos hablo), qué delito es crecer el criado y disminuirse el señor, y cuán gran delito es y qué pena merece? Aprendedlo de los propios criados: oídlos a ellos. Decidme, príncipes: los castigos tan ciertos y tan frecuentes y tan grandes de todos los privados, que se han hecho; los que visteis hacer a vuestros padres; que vosotros hicisteis, ¿quién os los aconsejó? ¿Quién os los dispuso? ¿Quién los acriminó? Todos me responderéis, concordando con las historias, que otros ambiciosos que quisieron para sí, con nombres de servicios, lo que condenan en los otros por traición y por robo. Bien mereció castigo el que privó disminuyendo al rey y creciendo él: su patrimonio es la horca; soga y cuchillo son el estipendio de su desvergüenza. Mas no merece menos la prisión y la muerte el que acusa a aquél por codiciar para sí sus delitos, no para el rey la libertad. Pues ¿cómo, monarcas, lo que, el que quiere ser privado, justifica para la medra de su envidia, admitís por lícito y provechoso? Y los propios privados os harán creer que a vosotros os es indecente no consentir por malos y detestables los que ellos propios acusan y degüellan porque lo son, para serlo ellos. Esta sola justicia he conocido y leído siempre en los que mal han privado, sin excepción; que unos han sido castigo de otros, y los más afrenta de sus señores y ruina de sus reinos. ¿Queréis ver, príncipes, cuál engaño padece, no vuestra vida, que ése era corto; no vuestra hacienda, que ése era civil; no vuestra comodidad, que ése era delgado; -vuestra honra, que es mucho; vuestra salvación, que es todo? Decidme, ¿cuál acusación habéis admitido contra algún favorecido vuestro, en que no os prometan grande restitución al patrimonio, gran satisfacción a las partes? Y si hacéis la cuenta, hallaréis que os cuesta cien veces más a vosotros y a vuestro reino el satisfacer la hipocresía de los acusadores, que se os aumenta de la perdición del caído. Éste es el engaño que os atraviesa las almas. Quien acusa al que tiene y al que puede, para poder él y tener ése al criado acusa la dicha y al señor el talento; y el castigo es igual en el criado y en el príncipe. Siempre he visto, y siempre lo veréis, que de estas persecuciones y visitas hechas por desembarazar para sí el que acusa los delitos que acusa, se sigue que vosotros quedáis por este engaño depuestos de la dignidad, como el ministro del oficio, y más condenados que el preso y depuesto; porque quedáis condenados a otros peores que aquél, y a padecer muchos ímpetus de codicia recién nacida.


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