Politica de Dios y gobierno de Cristo

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¡Oh privados, oh reyes! Tened respeto los unos hasta la correa del zapato de vuestro príncipe, los otros haced reverenciar hasta vuestro calzado. Yo con toda humildad y reverencia admiro en estas palabras las interpretaciones de los santos que sirven al misterio. Vosotros, todos los que mandáis y aspiráis a mandar, atended a mi explicación. Juan, primero privado escogido, cuando ve vacilar en el reconocimiento del Señor verdadero, de su Rey eterno, del Rey Dios y hombre, en estas palabras dice todo lo que se ha de decir, y todo lo que no se ha de hacer: «No soy digno de desatar la correa de su zapato». Pues, Santísimo Padre, si Juan privado no es digno de desatar la correa del zapato de su Rey, ¿qué será del criado que intentare atar con la del suyo a su rey? ¿Qué cosa es atar el criado al señor? Eso no se ha de presumir de toda la perdición del seso ambicioso de los hombres; es menester para tan sacrílega osadía toda la desvergüenza del infierno. No sólo no ha de atar el criado ni el ministro al rey, mas ha de conocer y confesar que no merece desatar la correa de sus pies. Lo que el rey añuda, nadie, si no es Dios, y la razón, y la verdad, lo puede desatar sin delito. Majestad tienen los reyes hasta en los pies: digno es de reverencia su calzado. Pues si no es lícito desatar la correa del zapato, ¿cómo será lícito desatar al rey de su alma, al rey de sus reinos, al rey de su oficio, al rey de la religión, al rey de Dios? Esto el que lo hace, el que desata al rey de estas cosas, no es ministro, no es privado, no es vasallo, no es hombre: lo que es dígalo por el Bautista el evangelista San Juan, que yo no me quiero atrever a decirlo, ni caben en mi autoridad sus palabras, que son dignas de él sólo. Oigan los reyes y los emperadores al águila, que es autor de coronas imperiales y blasón propio suyo 177 : «Y todo espíritu que desata a Jesús, no es de Dios, y éste es espíritu de Anticristo». El un Juan lo dice, que el que desata a Cristo es espíritu de Anticristo; y el otro Juan, que vino antes de Cristo y fue enviado de él, cuando dice estas palabras no sólo confiesa que no ha de desatar a Cristo, sino que no merece desatar la correa de su zapato. Y el uno que lo hace fue el privado, y el otro el querido. Y el que no los imitare, si desata a su rey, ¿qué será? Ya lo ha dicho San Juan. Y si le atare (lo que no se puede creer), será Judas. Ése le vendió y entregó por dineros a la cárcel y a los cordeles. Con razón, pues, Cristo se viene al Jordán a buscar tal criado, a honrarle, y a ser bautizado de él.


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