Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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En el agua, con favores y honras grandes, ejercitó los dos mayores ministros con acciones y palabras bien parecidas. Juan, viniendo Cristo a que le bautizase, se lo prohibÃa diciendo: «Yo he de ser bautizado por ti». Pedro parece que repite este suceso y palabras, y le dice
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: «¿Tú me lavas a mà los pies?», y se lo quiso prohibir como Juan. A Juan respondió: «Déjalo ahora: asà conviene que nosotros cumplamos toda justicia». A Pedro en la respuesta le juntó alguna amenaza: «Si no te lavo, no tendrás parte en mi reino». Con novedad, SantÃsimo Padre, examino yo la diferencia de estas respuestas en una propia acción. Juan en el desierto rehusó por su humildad la acción que servÃa a los misterios de Dios sin testigos, y asà bastó la advertencia del fin para que Cristo se humillaba a su criado. Pedro replicó entre todos los apóstoles y delante de Judas, cuando él hacÃa aquella acción para ejemplo y para que le imitasen. A la repugnancia en el misterio y a solas basta advertencia; a la repugnancia al ejemplo entre los que le han de tomar para darle, provechosa es la amenaza. No se ha de temer que el prÃncipe dé buen ejemplo aun con humildad rendida.
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