Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Tan de otra suerte lo pondero yo, BeatÃsimo Padre, que he considerado con novedad, y muchas veces, qué fue la causa de que en el Tabor y aquà en el Jordán se oyese esta aprobación y testimonio del cielo, y no en su nacimiento divino; no en la adoración de los Reyes (cosa de tanta majestad); no en aquel milagro tan espléndido de los panes y los peces; no en la resurrección de Lázaro; no en su muerte; no en su resurrección: yo lo he considerado el primero. Y también, porque en el Tabor añadió las palabras: «Éste es mi Hijo amado, oÃdle»; y en el Jordán no dijo que le oyesen, sino que era su Hijo. Por la primera diferencia mucho responde todo este capÃtulo; pues en las demás acciones milagrosas referidas se vieron esfuerzos de su amor por el hombre, hazañas de su justicia contra el pecado original; mas en el Jordán se cumplió toda justicia de su parte, de la de su ministro, de la del EspÃritu Santo, y del Padre. Y como él encarnó por librar al hombre del pecado original, vivió y murió por eso, y el bautismo es el sacramento que nos santifica contra él y nos limpia más de la culpa, que fue la causa de su pasión, -fue justicia, como lo demás, que aquà se abriese el cielo, donde morÃa la culpa que nos le cerró; que aquà bajase el EspÃritu Santo, donde la carne mortal se disponÃa a poderle recibir; que bajase en forma de paloma, en el rÃo donde se ahogaba la primera serpiente; que el Padre dijese: «Éste es mi Hijo en quien me agradé», pues entonces por él empezó el hombre inobediente y ciego a serle agradable. Estas cosas tan especiales dieron estos favores a esta acción particularmente entre todas las demás, y también al intento de mi obra, porque en los reyes las acciones de justicia son las de primera alabanza; y entre ellas serán las de mayor alabanza las de toda justicia: y ésta fue sola en lo que él dijo «que asà convenÃa cumplir toda justicia». Y es de advertir que todo el oficio de los reyes es justicia. No les dice otra cosa el Sabio
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: «Amad la justicia los que juzgáis la tierra». No es opinión mÃa decir que los reyes en la justicia tienen la misericordia. San Pedro (llamado
discurso de oro) dice
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: «Dios, salva la verdad, se apiada; el cual asà da perdón a los pecados, que en la misma misericordia guarda justicia y razón». Pues en el Tabor bien mereció Cristo favor tan preferido, donde se vistió de fiesta para morir, donde estando en gloria trataba de su muerte, donde se enojó con el más favorecido porque le desviaba de ella con amor y con ternura, donde a tratar de su fin trajo los muertos y despertó los dormidos. Que Cristo entre sus enemigos afligido trate de padecer, grande cosa es; más que trasfigurado, y entre sus discÃpulos, y con sus criados trate de morir, fineza es digna de la demostración del Jordán.
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