Politica de Dios y gobierno de Cristo

Politica de Dios y gobierno de Cristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀
Mucho pareciera lo que prometo de esta virtud, si no fuera aun más lo que ella obra. Por ser este capítulo el más importante de esta Política para todos y particularmente para los reyes y monarcas, busqué con atenta consideración en toda la vida de Cristo nuestro Señor, que toda fue paciencia desde el nacer al morir, lugar en que autorizar mi discurso; y por el más encarecido de su soberana, inmensa y benigna paciencia, escogí éste del apóstol Santo Tomás. La causa que me obliga a preferirle a tan innumerables actos de paciencia en Cristo nuestro Señor, quiero que preceda a la doctrina política cristiana. Aguardó el Hijo de Dios, para encarnar, con paciencia enamorada, que se llegase el plazo de las profecías y el de las semanas; aguardó para hacerse hombre el sí de su criatura, de su Madre y siempre Virgen; aguardó en su sacratísimo vientre los plazos de la naturaleza en los meses; nació yendo a obedecer el edicto de César, quien es obedecido de los serafines; consintió que le fuese cuna un pesebre, y compañía dos animales; que siendo él fuego del divino amor, le hospedasen las pajas y el heno, no sólo seguros de incendio, sino gozosos; tuvo paciencia viendo que Herodes le espiaba la vida, y siendo toda la valentía del cielo, para huir con sus padres a Egipto. Esto será explayarme sin orilla, si prosigo por todas las acciones en que Cristo nuestro Señor tuvo la paciencia con ejercicio grande e incomparable. Llamáronle comedor y endemoniado, y no se enojó; quisiéronle apedrear y despeñarlo, y tuvo paciencia; sufrió a Judas a su lado, tuvo paciencia para sentarle a su mesa, y para que comiese en su plato; besole para entregarle, y pacientísimamente consintió el beso; escupiéronle muchos; diole un ministro una bofetada, y el golpe que alteró el rostro no demudó su paciencia. Azotole Pilatos; hicieron burla de su majestad los soldados, hiriéndole con golpes, coronándole con espinas. Las señales se vieron en su santísimo cuerpo, no en su paciencia. Ésta más allá estaba de la furia y de la crueldad: todos la ejercitaban, nadie la irritó. Pusiéronle desnudo en la cruz por malhechor, entre dos ladrones. Tuvo paciencia para todas tres cruces: para la que padecía; para la del buen ladrón, perdonándole, y acompañándose con él en su reino; para la del malo, viendo que aun un ladrón no le quería acompañar. Vio a su santísima Madre al pie de su cruz, viola que le veía; vio que su cuerpo y su pasión la eran martirio; tuvo paciencia para dejarla, para llamarla mujer, y darla por hijo su discípulo querido; para dársela por madre. ¿Puede ser la paciencia de Cristo más hazañosa, más divina, ni más encarecida? Señor, maravillosas acciones son éstas, dignas sólo del que era hijo de Dios y Dios verdadero; mas se obraron todas siendo hombre pasible, y que padecía como tal lo que vino a padecer por su amor y por nuestro remedio. Empero dudar Tomás apóstol que hubiese resucitado, y decir que si no ve las señales de los clavos y entra la mano en su costado, que no la ha de creer; y mandarle Cristo nuestro Señor resucitado, glorioso, impasible, que metiese la mano en su costado y manosease sus llagas, es hazaña de la paciencia divina, que excede toda ponderación, adonde se desalienta el espanto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker