Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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¿Cuál descortesía pudo igualarse a no creer que Cristo había resucitado, habiéndolo él dicho, y diciéndoselo a Tomás los otros apóstoles? Empero el Señor, que vio el bien que resultaba de aquella incredulidad, olvidó la descortesía y atendió al provecho del mundo. ¿Quién contará los príncipes a quien ha depuesto su impaciencia? ¿Los que por ella han sido cuchillo de sus reinos, veneno de sus buenos vasallos, fin de sus grandezas, vituperio de sus ascendientes, infamia de los siglos, escándalo a los porvenir y abominación a la memoria de las gentes? ¿Quién, sin perder la paciencia, pudo ser cruel? ¿Quién avaro? ¿Quién soberbio? ¿Quién adúltero? ¿Quién tirano? Si pudo resultar provecho tan grande de la incredulidad de Tomás examinada, ¿por qué, Señor, no podrá resultar para los reyes y príncipes de la duda y terquedad de los vasallos? Para que esto no se averigüe, los que mal los asisten procuran que no sólo no puedan tomar a los monarcas, mas ni verlos ni hablarlos. No quieren que la mano delincuente negocie por sí, sino con las manos que la hacen delincuente. Dios guarde a vuestra majestad, que en esto ha dado ejemplo a todos los reyes de su tiempo, cuando en materia tan ardua y temerosa se cerró con el duque de Ariscot, gran señor en Flandes
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, y le oyó, y vio, y acercó a sí con piedad magnánima de que espero resultará a él libertad con perdón, y a vuestra majestad gloria con seguridad.
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