Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —Y, amigos, recordad esto —continuó el favorito del pueblo—: mientras os encontréis desempeñando los deberes de cristianos y de hombres valientes frente a los que se lanzan sobre la hospitalidad de vuestra ciudad, estaréis también pagando una gran deuda con vuestro emperador.
—Despacio, joven, despacio —interrumpió el oficial—. Su serena alteza, mi señor feudal, y el vuestro, gobierna aquÃ, y el emperador no tiene lugar en nuestra lealtad. En cuanto a deudas, lo que la ciudad le debe al emperador se lo pagará. Pero en hombres y caballos, creo yo.
—Es precisamente la moneda que los tiempos exigen. Esa será la que más agrade al emperador, y quizás convenga a las circunstancias de la ciudad. Pero, dejando los derechos del emperador para que los discutan los abogados, usted, señor, que es un soldado, y valiente, no lo dudo, ¿aconsejará al Landgrave que contemple desde las ventanas de su castillo cómo un vil merodeador roba o asesina a personas inocentes que se acogen ala hospitalidad de esta ciudad?
—SÃ, señor, eso haré, se lo aseguro. El Landgrave es mi señor.