Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara «¡Cuidado, Landgrave! A partir de ahora, yo, y no vos, soy quien gobierna en Klosterheim. La Máscara». Y no era vana la amenaza. Pronto se puso en evidencia que algún misterioso agente estaba actuando contra los designios del Landgrave. Desaparecían centinelas solitarios. Guardias, hasta de doce hombres, eran sustraídas sigilosamente de sus puestos. Poco a poco, se realizaron otros ataques, incluso más alarmantes que éstos, contra la seguridad interna. ¿Había alguien entre los ciudadanos que destacaba como instrumento del Landgrave, o contrario a los intereses imperiales? Por la noche desaparecía de su casa, y probablemente de la ciudad. Al principio era una tarea fácil. Como nadie sospechaba que estuviese personalmente en peligro, no se tomaban precauciones especiales para defenderse. Pero al hacerse evidente de parte de quién estaba La Máscara, todo el que sabía que corría el riesgo de ser atacado, se protegió contra él. Se multiplicaron las guardias. En todas las casas fueron reparadas las armas, y se dispusieron alarmas. Durante algún tiempo pareció que disminuía el peligro. Los ataques ya no eran tan frecuentes. Sin embargo, cada vez que se llevaban a cabo, tenían el mismo éxito que al principio. De hecho, parecía que todas las precauciones sólo servían para prevenir a La Máscara de su propio riesgo y ponerlo más en guardia. Consciente de las nuevas defensas, esperaba a ver qué forma adoptaban. Una vez dominadas, estaba preparado (o eso parecía) para luchar contra ellas con tanto éxito como antes.