Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —He dicho ley marcial, señores. ¡Cómo vais a saborear los pequeños artículos de ese código! El jefe de la policía hace cortas las despedidas. Dos brazas de cuerda, y cualquiera de estos bonitos balcones viejos que veo a mi alrededor —dijo señalando las antiguas galerías de madera que recorrían los pisos medios del Convento de San Pedro—, con confesor o sin él, según lo permita el desayuno del jefe, bastarán para segar de cuajo, a mi entender, el capricho de hombres bastante mejores que cualquiera de los que ahora veo ante mí.