Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —Incluso en el caso de haber sido portadora involuntaria de ese papel, señor, soy inocente de las intenciones que tal acto pudiera tener para algunas personas. Soy incapaz de ofender con actos que yo misma desapruebo, según sus insinuaciones poco generosas. Y ahora, señor, decidme hasta qué punto son inocentes quienes se han apoderado de un papel, como asegura Su Alteza, que venÃa en mi equipaje privado. ¿Tiene principios quien consiente un robo de esta naturaleza, o se apodera de su botÃn?
Al Landgrave se le subió la sangre hasta las sienes.
—En estos dÃas, joven, los mezquinos derechos individuales han de ceder ante las necesidades de Estado. No existen derechos individuales que puedan impedir tal investigación. Se pierden, como ya os dije, cuando el huésped olvida sus deberes. No soy yo, recordad, sino vos, quien está sometida a juicio.
—¡Es posible! —dijo la condesa—. No habÃa reparado en ello. ¿Quién es, entonces, mi acusador, y quién mi juez? ¿O es en Vuestra Serena Alteza en quién debo ver a ambos?
—Vuestro acusador, Doña Paulina, es el papel que os he enseñado, un papel comprometedor. Quizás pueda mostrar otros de la misma Ãndole, o puede que éste sea suficiente.