Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Paulina se tomó en serio aquella amenaza. Cuanto más lo pensaba más convencida estaba de que aquellos salvajes inquisidores la habían amenazado con torturarla. Sentía toda la indignación de semejante insinuación, aunque apenas podía creer que hablaran en serio.
A la mañana siguiente la citaron de nuevo a juicio. Los jueces aún no habían comparecido, pero había varios oficiales inferiores que iban de un lado a otro e intercambiaban bromas ininteligibles mientras miraban a la condesa y a una máquina de hierro con infinidad de ruedas y tuercas. Cuando Paulina vio aquella estructura o cama de hierro, la asaltaron oscuros temores. Posiblemente, alguna de las bromas que intercambiaban los brutales menestrales de sus salvajes jueces fuesen lo bastante inteligibles si accedía a prestarles atención, pero sus pensamientos estaban en otra parte. El oficial croata entró solo en la habitación, pues sus asesores probablemente habían declinado participar en las horribles funciones que les había encomendado el Landgrave.
