Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Holkerstein, el bandolero militar, era uno de los muchos engendros que habían surgido de las ruinas del orden social en esta larga y lamentable guerra. Se había atraído a todos los rufianes de su entorno y a tantos desertores del ejército regular del centro de Alemania como podía mantener a su servicio con el libertinaje del saqueo ilimitado. Con todo esto había creado unas fuerzas respetables y se había apoderado de varios castillos de Wirtemberg, a cincuenta o sesenta millas de Klosterheim. Había atacado y vencido a muchas partidas de tropas regulares enviadas para reducirle, y, gracias a su gran actividad y a sus conocimientos del lugar, había alcanzado tal popularidad que el temor de su nombre se había extendido hasta Viena, por lo que el gobierno imperial había concedido una escolta de yagers mayor de lo habitual. Una dama, vinculada a la familia del emperador, hija natural de éste, según los que conocían el secreto, acompañaba al grupo de viajeros con un séquito de sirvientas. A esta dama, conocida por el nombre de condesa Paulina, le debía el resto de la caravana su escolta; y por esto, así como por su rango, fue tratada con ceremonioso respeto a lo largo del viaje.