Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara La gran capilla de Santa Inés, salón inmemorial de coronación de todos los landgraves de X, podía acoger fácilmente a siete u ocho mil espectadores. Una multitud similar se hallaba ahora reunida en las galerías que con ocasión de aquel gran acontecimiento o de una boda real se asignaban a los espectadores. Estaban provistos de armas bruñidas, y eran las fuerzas de élite del ejército imperial. La resistencia era inútil. En un instante, la manifiesta superioridad hizo perder al Landgrave todas sus esperanzas. Efectivamente, tenía ante sí a las victoriosas tropas imperiales, recién llegadas de Nordlingen.
En la parte marmórea de la capilla, al mismo nivel, se había alineado un brillante cuerpo de oficiales; y, al frente del contingente, casi a la entrada de la antecapilla, estaba el enviado imperial o embajador. Este noble se adelantó hacia la multitud de habitantes de Klosterheim y les habló así:
—Ciudadanos de Klosterheim, vengo de parte del emperador a traeros a vuestro verdadero y legítimo Landgrave, Maximiliano, hijo de vuestro último amado príncipe.
En ambas capillas resonaron las aclamaciones, y las tropas presentaron armas.
—¡Mostradnos a nuestro príncipe! ¡Rindámosle homenaje! —resonaba en todas las bocas.
