Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Sin embargo, la aglomeración de carruajes amortiguó su voz hasta tal punto que pasó algún tiempo hasta que la alarma llegó al otro lado del campamento con suficiente claridad para que acudiesen a sus llamadas. Por fin, se presentaron media docena de yagers y un oficial, pero el labriego ya había desaparecido. Tras conocer los detalles del robo, el oficial mandó a sus hombres encender varias antorchas e internarse en el bosque. Mas era tan intransitable en la mayoría de los sitios, debido a la maraña de raíces y a los troncos retorcidos de los árboles, que a duras penas podían mantenerse en pie. También se vieron desconcertados por las sombras cruzadas de las innumerables ramas que había sobre ellos. No cabía imaginar una situación más confusa para realizar una persecución efectiva. Por todos lados veían galerías, arqueadas muy por encima de sus cabezas, semejantes a las naves de una catedral, tanto por la forma como por la perfecta oscuridad que reinaba en ellos a esas solemnes horas de la noche, que se extendían aparentemente sin fin, pero cada vez más oscuros, hasta que la vista se extinguía en unas tinieblas impenetrables. De vez en cuando, veían cruzar a cierta distancia figuras oscuras. Pero probablemente eran ciervos, pues cuando los yagers las desafiaban a grandes voces, sólo replicaban los ecos del bosque. En medio de aquellos pasillos interminables, que parecían partir de un centro situado en ese punto, solían interponerse espesos matorrales. A veces, en ciertos trechos, el bosque se encontraba más abierto y limpio de maleza (arbustos, espinos y zarzas), de forma que una fila de jinetes podría haber penetrado hasta media milla, pero grupos de matorrales detenían continuamente su paso y les obligaban a retroceder en busca de otro de los largos senderos que atravesaban el bosque entre la frontera de Suabia y Baviera.